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Envejecimiento Activo: Prevención de la enfermedad y promoción de la salud

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El bienestar es bifronte: viene dado no sólo por la ausencia de lo negativo, sino también por la presencia de algún tipo de estado positivo. Ambos elementos (ausencia de dolor y presencia del bienestar, en un sentido muy general) son irrenunciables como ingredientes básicos constitutivos del bienestar físico y psicológico. Tenemos necesariamente que considerar de modo independiente esos dos componentes afectivos que configuran una especie del yin y el yang del bienestar.

Esta consideración compleja tiene algunas implicaciones importantes. No sentirse mal en la vida no debería ser suficiente. Debemos tener metas más ambiciosas y tener un auténtico compromiso intelectual, moral y profesional con la promoción del bienestar en un sentido amplio. De acuerdo con aquella pionera definición de salud mental que propuso la OMS en 1948 y según la cual “la salud es un estado completo de bienestar físico, psíquico y social y no la mera ausencia de enfermedad o minusvalía”.

Desde esta perspectiva, el envejecimiento activo implica una actuación preventiva de la enfermedad y promotora de la salud integral. La prevención de la enfermedad contempla la detección precoz de los factores de riesgo para poder incidir tempranamente en ellos, para eliminar o paliar sus efectos. La promoción de la salud implica implantar comportamientos saludables cuando no existen en la persona o en las comunidades. Conlleva, por tanto crear conductas o hábitos que la experiencia o la ciencia han demostrado que están asociados positivamente con el estado de salud.

La reducción de los factores de riesgo (de derrames cerebrales, enfermedades cardiovasculares, diabetes, etc.) y la promoción de los factores protectores y los cambios en los hábitos de vida (incremento de la actividad física e intelectual, mejora de la dieta, ect.) pueden dar lugar a mejores expectativas en relación con la longevidad y el envejecimiento activo, con salud. La sinergia entre estos factores parecen decisivos en la consecución de un envejecimiento más positivo y saludable.

Ya en 1974 Lalonde, Ministro de Sanidad de Canadá, estableció en el documento de trabajo “A New Perspective on the Health of Canadians” los siguientes determinantes de salud, que posteriormente tras analizar su influencia en mortalidad y los gastos en salud son los siguientes:

 

FACTOR      INFLUENCIA
(MOTALIDAD)
     GASTOS
(SALUD)
Biología humana, genética 27% 6,9%
Medio ambiente, entorno 19% 1,5%
Estilo de vida; comportamiento 43% 1,2%
Sistema de asistencia sanitaria 11% >90%

 

Las conductas o comportamientos personales junto al medio ambiental son uno de los principales determinantes de salud y paradójicamente en los que menos se invierte. En la mayoría de países el porcentaje más amplio de recursos económicos en el área de salud se destina al sistema de asistencia sanitaria, es decir, a los servicios de medicina curativa, sobre todo en el ámbito hospitalario. No obstante, sería mucho más eficaz una orientación preventiva y, a medio plazo, reduciría considerablemente los costes.

En mi opinión la elaboración de un plan de promoción del envejecimiento activo, la mayor parte de estrategias propuestas deben ser preventivas, aunque sin dejar de lado las estrategias curativas. Con las actividades de promoción de la salud se pretende que la población adopte estilos de vida saludables y que abandone los estilos perjudiciales, mediante intervenciones informativas, educativas y psicológicas. Las intervenciones y acciones prioritarias deben responder a un objetivo claramente preventivo, implicando la promoción de conductas o hábitos saludables.

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On 18/11/2014
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